viernes, 8 de diciembre de 2017

La Palabra en Aviento

La Palabra, viva, dinámica, va guiando al peregrino. Te revela sus secretos a medida que profundiza en ella,  te envuelve y sumerge entre la danza de sus letras. Donde ayer no te interpelaba, hoy te sondea y te muestra otra lectura según tus vivencias de fe.

En este Adviento, meditando la Palabra, tantas veces escuchada, he visto con claridad, como si de una película se tratara, la profundidad del Misterio, secuencia a secuencia. Desde el Camino a Belén hasta el pesebre.

Enseñanzas espirituales, para espirituales, narrativa simbólica y profética, con matices históricos, cuya meta es Jesucristo, para que creyendo en Él, seas salvo. Cuidadosas Catequesis, en su afán de conducir a los discípulos al Maestro y a su Mensaje Salvífico.

Dios es Espíritu nos dice San Juan, y quiere ser adorado en espíritu y verdad. Te envía a tus aposentos a solas, para entablar una relación íntima y verdadera contigo, donde puedes estar con Él, en cualquier momento del día o de la noche. Ya no te hará falta esperar que abra el templo, para ir a encender unas velas... tú eres templo de Dios, a ti te busca, para que le adores de corazón.

Si meditamos el Camino de Belén, nos daremos cuenta que el lugar del Nacimiento de Jesús, ya está elegido con potestad, para enseñarnos a nosotros un camino de crecimiento espiritual.

Nos centramos en los personajes de María y José, una pareja joven y enamorada, esperando ilusionados su primer hijo. Como padres, habían preparado la venida de su bebé con esmero, cuidando los detalles: un sitio cálido, pañales, cuna, un hogar lleno de Amor.

Pero Dios Padre, tenía otros planes y no fáciles para los dos. María abandonada en las manos de Dios, mucho antes de su Concepción, guarda en su corazón todo lo que acontece, aún sin entender; con una entrega total, confía en aquel, que es Vida de su Vida.

Atrás deja todas las comodidades para ir a empadronarse, el camino es duro y aún más para una joven en avanzada gestación. María, llega cansada a Belén, con síntomas de alumbramiento, y no hay lugar para ellos.

José busca con urgencia posada, no se molestan ni en abrir las puertas, tan solo un posadero estresado por el trabajo, le da cobijo en un establo, lejos de la casa. Allí rodeado de bestias y estiércol, acontece el Misterio más hondo y hermoso de la Historia.

Las estrellas son testigos de la Luz que nace, para alumbrar y dar calor al Hogar del mundo. En un humilde pesebre de paja, yace en pañales el Niño Jesús, lo más hermoso, tierno y dulce, que ha concebido madre.

Por un momento, vamos a saltar en el tiempo. Jesús sigue naciendo hoy y necesita alojamiento.
¿Qué sitio crees que elegiría?
¿Para qué sigue bajando a la tierra?

El sitio que sigue eligiendo, es un lugar pobre, como hace dos mil años, entre “bestias y estiércol”. Un corazón abierto, lleno de miserias y enfermo, que hace infeliz al ser humano. Por eso sigue bajando a la tierra, para curar nuestras heridas, liberarnos de nuestras esclavitudes y darnos un corazón nuevo, lleno de Amor, Paz, Alegría, Fortaleza...

Necesita corazones generosos, establos con pesebre, aunque huelan mal. ¿Cómo puede ser esto posible? Rompiendo el razonamiento humano, ése es el sitio que Jesús elige.

En el pasaje de Mateo 9, 9-13 dice Jesús: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Él baja hasta ti por Amor,  para curar tu corazón herido, roto, enfermo, para restaurar tu dignidad como hijo muy querido de Dios, para levantarte del suelo, donde muchas veces estás caído por los avatares de la vida. Te da Vida en su Vida, en la medida que le dejes crecer en tu corazón.

El corazón humano, es el lugar elegido por Jesús, para ser su eterno pesebre, su morada preferida, para continuar la Historia de la Salvación de Dios, locamente enamorado de su criatura, porque te Ama tanto, que se ha entregado y bajado a ti,  para hacerte  feliz.

Manuela González Aguilera

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