lunes, 11 de diciembre de 2017

Reflexión: La llave

La llave
Para mí fue como un sueño, ¡Bendito sueño! Me transportó al Libro de los libros, con la “llave” para entrar en Él. Voy recorriendo personajes como yo misma, soy la “pasión”, “la cruz”, el “nacimiento nuevo”, el silencio de Nazaret, la “samaritana” la "Magdalena"

Continúo con la “llave”... Para quien la quiera, también se la das, Señor, porque eres generoso con todos y nos Amas a cada uno en especial.

La “llave” es la Gracia de tu Amor y la “clave” reconocerse a sí mismo un pobre pecador.

Empezarás a nadar como pez en el agua, hay que nadar a fondo, sin cansarse, con fe, cuándo desanimes y creas que no vas a llegar acuérdate del Amor, lo conseguirás. Conseguirás llegar al centro y te reconocerás: soy el “discípulo Amado de Jesús.”

Es maravilloso sentirse Amado, solo hay que dejarse llevar, Jesús mismo, la fe en Él, su Divino Amor, te guiará por donde tú sola, serías incapaz.

Reconoces que la Sagrada Escrituras no la entiendes, es tan difícil sola llegar. En vez de ir sola, le he dado todo a Jesús, juntos de la mano, estamos recorriendo en la vida, nuestra propia “biblia”, así es más fácil, a la misma Biblia, llegar.

No todos los personajes son de agradar, pero contigo no puedo Señor, tengo que reconocer aunque sienta vergüenza, que también soy Pilatos. ¿Cuántas veces me lavo las manos para no saber nada de Ti en el hermano, entregándote a tu propia suerte? Perdóname Señor.

También soy Herodes, cuántas veces aunque inconsciente “ahogo y mato” al “niño” que llevamos todos dentro. Es la inocencia pura, la mirada limpia, la ternura, la ingenuidad...

Gracias Señor, por mostrar en mí, también estos “retratos”.

Manuela González Aguilera

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